VIAJE EN EL TIEMPO: HACE 10.000 AÑOS

VIAJE EN EL TIEMPO: HACE 10.000 AÑOS

Hay dos tipos de lugares que puedes visitar. Los que tienen magia y los que no. Y este, en concreto, además de tener magia está hechizado.

¡Ah! ¿no sabes por qué? Déjame que te lo cuente.

Hace 10.000 años, en las cercanías de lo que hoy conocemos como Salgüero de Juarros, entre el quinto roble y el sexto nogal, según miras al sol al amanecer, justo en la línea del horizonte vivían dos ancianas. Eran las más mayores del lugar. Tenían 25 años. Ahora te parecen jóvenes pero imagina. Déjate llevar. Era el paleolítico…. No había calefacción. Nevaba mucho. No había netflix ni islas de plástico. Llegar a 25 años era una proeza al alcance de muy pocos.

Pues bien, como te iba diciendo, Palaiós y Lithos vivían justo ahí. Conocían el nombre de todos los animales del bosque, de las plantas, de sus vecinos del poblado cercano y de los vecinos que pasaban por allí en busca de otros destinos.
Aparte de eso no tenían nada de especial, excepto sus nombres.

Una noche de luna llena su vida decidió que ya era hora de irse y las dejó. Pero Palaiós y Lithos no querían irse tan fácilmente, asi que sabiendo que su nombre unido significaba Piedra Antigua se convirtieron en esa piedra tan especial donde nuestros amigos de Paleolitico Vivo nos dejan posar nuestras manos y dejar nuestra huella de color.

Hemos ido muchas veces a Paleolítico Vivo y siempre Palaiós y Lithos nos ha contado una historia nueva.

Yo suelo despedirme guiñando un ojo y el pirata grita fuerte: “Hasta otro día”.

Es imposible no imaginarlas mirándonos montados en el jeep.

Nosotros nos emocionamos viendo acercarse los tarpanes, los uros, los bisontes europeos y los caballos przewalski.

Ellas sonríen pensando que hace no mucho aquello estaba lleno de vida. Hoy los caballos Przewalski son solo una de las tantas especies en peligro de extinción.

Nos hacen fotos desde lejos con la mirada y las almacenan en su piedra mientras nosotros como locos no podemos dejar de hacerlas con los móviles.

Se carcajean inocentemente viéndonos torpes con el arco y nuestra cara de sorpresa al ver como se enciende el fuego con “mierda”. Si “mierda” como suena.

Se miran emocionadas al vernos dejar nuestras manos impresas en su piedra. Y nosotros nos preguntamos si será cierto lo que dice Hipólito Collado: “Cada vez que veo una mano entiendo que me saluda. Y que quien la plasmó quería comunicarse con la eternidad”.

Y es que como dicen nuestros amigos de Paleolítico Vivo: “Esta visita es mucho más, es una inmersión única en el mundo. Una inmersión en ese mundo fascinante y misterioso del paleolítico”

Ficha de viaje: PALEOLÍTICO VIVO

Tanto la visita a pie como la de jeep son un regalo para los sentidos sobre todo si no te importa preguntarte de vez en cuando el clásico ¿de dónde venimos?
Y si puedes unirte a alguna de las visitas y actividades especiales que organizan disfrutarás de esta reserva con una perspectiva única.

Afianzar los conceptos de la línea de tiempo de la historia.

Conocer cómo vivían nuestros ancestros paleolíticos. Descubrir en primera persona la flora y la fauna que les rodeaba y su manera de relacionarse con ella.

Entender el cambio evolutivo que supone en este período de la prehistoria usar herramientas, desarrollar un pensamiento creativo y vislumbrar modelos de comunicación más desarrollados.

Valorar nuestro entorno y la importancia de cuidar nuestro planeta porque no hay opción “b”.

Ver los bisontes, uros, tarpanes y caballos przewalski de cerca. Aprender su fisonomía, características y modo de vida.

Descubrir la figura de grandes investigadores ligados a los cercanos yacimientos de Atapuerca: Aurora Martín Najera, Juan Luis Arsuaga, Eudald Carbonell, José María Bermúdez de Castro y Emiliano Aguirre.

Y por supuesto, probar el chorizo de uro y de tarpán y si eres adulto acompañarlo con una cerveza artesana con el toque de la reserva.

“El mundo me ha utilizado con tan poca consideración que me ha hecho sospechar de la humanidad en general.”
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Mary Anning
Primera mujer paleontóloga