CLUNIA SULPICIA: 200 TROCITOS DE FORTUNA

CLUNIA SULPICIA: 200 TROCITOS DE FORTUNA

A veces me preguntáis que cómo hacemos para llevar al pirata a ver “ruinas”, “museos” y demás variantes, aparentemente poco “infantiles”. La verdad es que no lo sé muy bien. Lo hemos hecho desde siempre, respetando sus tiempos y sus intereses.

He contado muchas veces que después de ir a París para ver la Torre Eiffel a petición del pirata se durmió llegando y que defiende a voz en grito que la abadía de Westminster fue un “rollo”.

Y es que esto es así, los intereses de nuestras hijas e hijos no tienen porque ser los nuestros. El equilibrio entre actividades, el respeto a los gustos de todos y el entender que disfrutar es también acompañar al otro en el disfrute de sus intereses sienta las bases fundamentales de una buena comunicación en familia, y esto viajando está chupado de conseguir.  

Sin embargo, no podemos pretender que por sí mismas unas ruinas o una pinacoteca sean el foco de atención de nuestras criaturitas.

Puede ser o no. Aún recordamos que el pirata con 4 años nos dijo ¿podemos entrar ahí? Era el Museo Nacional de arte romano en  Mérida. Entramos, pensando que al minuto saldríamos, obviamente nos equivocamos, no sabemos cómo ni porqué quiso ver todas y cada una de las salas y piezas. A veces pasan estas cosas y otras, lo repito, porque aún tengo la espinita clavada, manifiesta que la Abadía de Westminster es un “rollo”.

Yo me quedo con dos cosas, la primera que tanto en Mérida como en Londres todos respetamos el tiempo de los demás para visitarlo y que tanto en Mérida como en Londres todos sacamos un aprendizaje.

Pero, Cris, entonces ¿podemos hacer algo para visitar sitios no “muy infantiles”? Pues podemos activar su curiosidad. ¿Y qué hacemos nosotros? Utilizar la imaginación y crear historias vinculadas a lo que estamos visitando. No es una fórmula maestra es nuestra fórmula maestra, pero funciona. Lo hemos comprobado.

¿Y por qué te cuento todo esto? Pues porque hace poco visitamos Clunia.

Clunia Sulpicia es un asentamiento romano de origen celtibérico. Historia tiene infinita pero ver… solo se ven ruinas, eso es lo que objetivamente diría una criaturita.

Por eso, nosotros tuvimos la suerte de recorrerla de la mano de Clun.

Clun se acercó al coche nada más llegar a la explanada superior donde aparcamos el coche.

La cuestión es que ya nos había parecido sentir que alguien nos observaba mientras veíamos a la Diosa Fortuna en el aula arqueológica pero no prestamos demasiada atención.

Clun, nos dijo que tenía 8 años, la misma edad que el pirata. Nos generó un poco de duda que no tuviera frío llevando solo una estola sobre una túnica fina de lana mientras que nosotros íbamos con plumas, gorros y bufandas. Bueno, cuando volvamos a casa ya miraremos cómo vestían los romanos y cómo se protegían del frío.

¡Ah! ¿nos he contado? Perdón. Clun era una niña romana, vivía en Clunia Sulpicia en el 33 a.c. Iba al colegio, pero solo para aprender a leer, escribir y las matemática básicas. Cuando cumpliera los 12 años quería ir al colegio de verdad, aunque siendo mujer… además le daba miedo. Los colegios romanos usaban el castigo físico muy a menudo. Tenía tantas cosas que contarnos.

Ella se veía llegando a las más altas esferas culturales y estudiando incluso en las escuelas griegas. Le gustaba hacer los recados de la familia y los vecinos.

Y así, con ella charlando de esto y aquello atravesamos el Foro. Tuvimos que esperarla un poco, tenía que hacer unas compras, llevar un paquete para una ofrenda religiosa y recoger unos documentos jurídicos que debía entregar a su familia. El Foro, nos explicó tenía una gran función social.  

Avanzamos por la vía romana, nos enseñó cómo eran sus pasos de peatones y nos habló de los medios de transporte de la época. Era un gusto escuchar a Clun.

El pirata se reía, decía que su voz se parecía mucho a la mía. ¡Qué imaginación!

Al final de la vía romana llegamos a una de las Termas de la ciudad, las termas del Foro. Clun nos contó que había dos edificios más de termas, los llamados Arcos I y Arcos II. Nos prometió entrar dentro. Su tío trabajaba en las tareas de mantenimiento. Octavio se enfadó un poco. Clun, ¿cuántas veces te hemos dicho que no traigas extranjeros?

Pero le caímos bien, es que solo queríamos conocer cómo funcionaban las termas. Y Octavio era un gran experto en canalizaciones del agua, en el uso de las aguas subterráneas que hay debajo de Clunia.

Aquí tengo que deciros que flipamos mucho, pero mucho. Las cuevas bajo el Alto Castro, hoy llamada Cueva Román, es un conjunto kárstico formado por galerías y lagunas subterráneas que alimentaban los manantiales que afloraban en las laderas del cerro, y que pudo ser explotado desde la ciudad mediante la realización de pozos. Por más que le insistimos a Octavio que nos llevar a conocer ese sub-mundo fue imposible. El “Santuario Priápico” era frecuentado por personajes sociales importantes y Octavio tenía miedo de que nos pudieran sancionar y buscarse un problema.

Seguimos acompañando a Clun a terminar sus tareas, pasamos por varias casas, la 1, la 3, la triangular… Fue una mañana estupenda, la verdad. En la puerta del edificio de las Peredejas nos despedimos de Clun para volver a coger nuestro coche.

Nos dio pena, volveremos a verla. Aún tenemos un montón de preguntas que hacerle. Y además al montarnos en el coche recordamos que el fin de semana anterior habíamos visitado las Médulas, la mayor mina de oro romana y teníamos la duda de si algunas de las monedas que Clun había usado habrían sido acuñadas con oro de las Médulas.

Sin embargo, Clun aún tenía algo más para nosotros y encontramos en el salpicadero del coche unas entradas, en 5 minutos empezaba una representación en el Teatro. El pirata quería fieras, nosotros preferíamos una fábula. Algo debió pasar en los pocos metros que separan un aparcamiento del otro que al llegar no había nadie y el Teatro estaba reformado. Nos conformamos actuando un poco nosotros, una pena que no hubiera 10.000 espectadores sentados porque nos quedó bastante decente. Yo creo que Clun se asomó y pensó que estábamos locos.

Y ya. Bueno no, una última cosa, hoy si estoy generosa, vamos con el título. La Diosa Fortuna que nos dio la bienvenida tan maravillosamente restaurada se encontró dividida en más de 200 cachitos. ¿Os imagináis que técnicas de restauración han podido emplear para conseguir terminar este “puzzle” histórico?

QUO VADIS?

FELIZ VIAJE

Ficha de viaje: CLUNIA SULPICIA

Aprender como funcionaba una ciudad romana.

Descubrir el impacto del uso del agua en el desarrollo histórico de la época romana. 

"Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea es mejor que no pensar."
Hypatia de Alejandria
Primera matemática de la historia