MALDITO ALZHEIMER

MALDITO ALZHEIMER

Armando entra con la espalda encorvada. Me guiña un ojo y sonríe.

– ¡Rosalía! mesa 1, nuestros niños. Mesas 3 y 4, los de siempre. Mesa 2, cinco nuevos – dice con voz potente.

Rosalía cierra los ojos. Se sienta despacio.
– Oído Armando – grita de repente.
– Rosalía, ¿sabes que hoy el rape estaba por debajo de los 7 euros el kilo?
– Compra 4, mañana lo sacamos en salsa verde para los segundos y en fumet para los primeros.

Sus manos agrietadas recorren los objetos que Armando le acerca.
– Armando, este cuchillo hay que llevarlo a Fermín para afilarlo.
– Armando, ¿han llegado las cucharas de palo?
– Armando, ¿ha venido el del banco que hoy es martes?
– No Rosalía, esta semana estaba de vacaciones.
– Es verdad, lo había olvidado.

Y Armando aguanta una lágrima que compite por salir delante de los “marchando”.

Y hasta los clientes pagan. Y salen invisibles de aquella habitación sin dueño.
– Vamos Armando, cierra que hoy ya lo hemos hecho todo – dice como cada tarde durante 59 años.

Armando y yo nos levantamos.

Vamos hija, ¿ves? Se olvidan las cosas pero no se olvida la vida.

"Una sociedad científica será una sociedad más libre"
Margarita Salas y María Blasco
Investigadoras