OPERACIÓN METAMORFOSIS

OPERACIÓN METAMORFOSIS

(AVISO: Hoy el post es largo, ;-))

Todo el mundo sabe, y sino te lo cuento yo, que no hay nada que llame más la atención de una criaturita que saberse parte de un todo. Por eso a nuestro viaje al hospital le hemos llamado operación METAMORFOSIS. Porque si tú le pones nombre a algo ya formas parte de ello.

¡Uy perdona! Que no te he dicho de qué va este post. Pues de nuestra última excursión, un mini-viaje al hospital, con su maleta, su trayecto en coche, su comida que te dan… vamos un viaje en toda regla.

Digamos que la actividad era un poco…multi-aventura… con sus consentimientos, sus cables, las heridas que te traes… una operación sencilla al pirata. Pero operación al fin y al cabo.

Ahora sí, sigamos, íbamos por lo de METAMORFOSIS. Y es que una operación no es sino una transformación, como la metamorfosis, y además, con la intención de estar mejor que antes. Vamos como una rana o una mariposa. Recordemos que  antes de su metamorfosis final ni vuelan ni saltan.

¿Es un proceso complejo? Sí, como la metamorfosis de los bichejos. Pero, anda que no mola despertar la curiosidad con un ejemplo tan bonito y contarles que al salir del hospital van a volar un poco mejor, o saltar más alto y más lejos.

Cómo uno de nuestros muñecos se llama Rana, pues hemos elegido como nombre OPERACIÓN METAMORFOSIS RANA. Y así, con algo tan sencillo como ponerle nombre a un proceso por el que vamos a tener que transitar nuestras criaturitas empiezan a conformar la pertenencia al mismo.

Ya no son un “algo” sobre el que el personal sanitario “hace cosas”. No, ahora la OPERACIÓN METAMORFOSIS RANA, u OPERACIÓN CAZUELA o como le dé la gana a tu peque ponerle de nombre es parte de su vida.

¿Y qué podemos hacer para acompañar mejor a nuestras criaturitas en sus viajes de cuidado de la salud? (Y a los adultos también, ¿por qué no? Al fin y al cabo pasar por el hotel de batas blancas no le gusta a nadie) Pues esta es nuestra propuesta que os compartimos con la intención de sacaros una sonrisa y que la próxima vez que haya revisión, vacuna, dentista o algo más grave el viaje que emprendáis sea más…SOSEGADO.

PARTE 1: ¿DÓNDE PONGO LOS HUEVOS?

Esto así dicho suena ya un poco a chiste, pero es que con HUMOR todo es mejor. Pues antes de nada, antes de llegar al hospital habrá que saber de qué va esta película y qué puedo hacer. Así dicho, la rana diría, ¿dónde pongo los huevos? Y se informaría un poco preguntando por ahí a otras ranas.

  • Oye, Manoli, ¿tú el año pasado qué tal te fue poniéndolos ahí al lado de esa vegetación acuática?
  • Pues no me fue mal, la verdad. Pero pregunta a Manolo y que te diga a ver los suyos. 🙂

Y eso hemos hecho. Informarnos. ¿Qué va a pasar? ¿Qué partes de mi cuerpo van a tocar? ¿Y si son los dientes por una caries? Pues los miro en el espejo, y hago una foto y veo mi caries. ¿Y si como en este caso es otro tipo de intervención? Pues puedo tocar lo que hay que “quitar”. ¿Y si es dentro del cuerpo? Pues puedo ver un libro, la serie del cuerpo humano o incluso destripar una maqueta de plástico. Cuando sabemos lo que va a pasar sentimos seguridad, las personitas y las personazas. No es cuestión de edad. El miedo no entiende de edad.

Si oigo un ruido y no sé qué es entro en alerta, grandes y pequeños, pero si sé que es mi lavadora que está un poco rota me quedo tan a gusto.

PARTE 2. HACEMOS LA MALETA

En esta familia hacer una maleta nos gusta más que la pizza.

En este caso es importante hacer bien la maleta. Si meto pijama es que igual me quedo unos días. Sino con una mochila pequeña me puede servir.

Pero, Cris, ¿para ir al dentista vas a llevar una mochila? Pues claro que sí. ¿Y si me aburro en la sala de espera? Con un libro o un Virús tan a gustito que se me pasa el tiempo y espanta los miedos. ¿Y ese muñeco-figurita-cromo-cosa estupenda que me encanta llevar en la mano? Eso es perfecto para entrar en la consulta o la operación.

En nuestro caso la encargada de entrar a quirófano fue Margarita. Margarita es una tortuga mediterránea común, rellena de peluche, de sangre congelada y que es muy tranquila y que cuando tiene un poco de miedo se mete en el caparazón a dormir y listo. Eso nos hace suponer que pasó la operación como el pirata, durmiendo en el caparazón. No lo sabemos porque no ha querido comentar el tema. 🙂

Pero Olga, nuestra anestesista, no nos comentó nada sobre Margarita así que suponemos que acompañó bien al pirata.

Y esto enlaza con la tercera parte.

(Perdón, una cosa más, el resumen es: dejemos que elijan sus cosas para cada viaje. El oso más grande de la habitación igual no, pero esa goma del pelo o esa figurita pequeña en el bolsillo del pijama van estupendamente para los viajes)

PARTE  3. CONOCEMOS A LA GENTE

Cuando llegas a una visita guiada te dicen: “Hola, buenos días, mi nombre es Josefino Agamenón y voy a ser su guía.”

Pues bien cuando llegamos al hospital-doctora-dentista-enfermero sería genial que nos dijeran algo así. A veces no pasa. La prisa. La rutina.

¿Qué podemos hacer? ¿Enfadarnos y pensar que no son respetuosos? Es una opción.

A nosotros nos gusta más decir: “Hola yo soy Cristina, la mamá de Juan, tu paciente. Perdona, ¿tú te llamas?” Y así ya es todo mucho mejor.

En nuestro caso tuvimos la suerte de que todo el mundo se presentó y nos contaron un montón de cosas, fueron nuestros guías. Maravillosas y maravillosos por cierto. Desde Loreto, anestesista a la que asalté por Linkedin y que aprovecho a darle las gracias. Pasando por Olga, la anestesista en quirófano que conectó con el pirata en un segundo a pesar de que el miedo ya llegaba en forma de lágrimas. Por supuesto todas las enfermeras de planta, el doctor que le operó y las celadoras que conducían las camas “qué flipas” según palabras del pirata.

La parte mala es que me despisté y no me quedé con los nombres de todos… vaya tela la mía. En todo caso GRACIAS. Si existiera el Tripadvisor de comentarios de hospitales se llevaría todo el personal que nos atendió ciento mil estrellas.

PARTE 4: LA VISITA GUIADA

Esta parte es la más complicada. Viene a ser como cuando visitas una cueva. Un montón de instrucciones. Cuidado que eso resbala. Ponte un casco. Mantened la distancia. Pues algo parecido. Sabes más o menos lo que va a pasar pero…

Estira el brazo. Va un pinchacito. Sopla. Abre la boca. Respira por aquí. Gira… Muchas instrucciones y una sensación de que esta cueva es muy grande y da un poco de miedo al fondo.

¿Qué podemos hacer? Si nos hemos preparado bien dónde poner los huevos, pues sabremos un poco más de que va esta visita.

Pero ¿y si no es suficiente? Validar, sostener, alentar y acompañar. Sencillito de escribir, bastante “jodido” de hacer.

Entiendo que tengas miedo. Estés cansada. Tengas sed. Sientas frío. Quieras llorar.

Yo estoy aquí o aquí fuera. Tienes a tu lado a Ana, Jose, Olga… y a tu tortuga Margarita. Puedes pedirles ayuda o que te den la mano.

Tenemos que cuidar nuestra salud. No podemos elegir seguir enfermos, con una caries, sin vacunar, con dolor de oídos.

¿Recuerdas que hiciste aquella vez que te caíste y te pusiste tú la tirita? Estoy segura de que vas a encontrar una herramienta para sentirte mejor. ¿Quieres que pensemos que podemos hacer? ¿Te apetece respirar juntos?

¿De 0 a 10 cuánto te duele? ¿Un 3? Cuando lleguemos al 9 podemos decir que paren un momento.

Y sobre todo, te quiero siempre y bajo cualquier circunstancia, con tus miedos y tus dudas. Estoy. Estamos.

PARTE 5. LA DESPEDIDA

Pues llega el momento de acabar el viaje. Normalmente te vas un poco cansado y dolorido. Como las agujetas de una excursión muy larga y la emoción de haber conocido paisajes nuevos y saberte un poco más capaz de hacer cosas.

(Si ya os digo que tiene todos los ingredientes de un viaje)

No podemos irnos sin dar las gracias, por supuesto. Pero también, ¿por qué no? Podemos dejar propuestas de mejora, podemos dejar nuestra contribución. Siempre desde la mirada de poder hacer las cosas mejor. O podemos dar una recomendación a quién llega.

Si cerramos el círculo nuestra experiencia dejará de ser una experiencia de dolor para pasar a ser una experiencia de vida.

Nosotros aún estamos en la fase de deshacer la maleta e ir guardando los recuerdos porque nos quedan 3 semanitas de recuperar.

Os diré que me he saltado una parte LA TORMENTA. Esa también está. El cansancio pasa factura y te ves en un momento sin paciencia para hacer una cura o para quitar una tirita y pegas un grito. Eso también pasa. Por suerte, no solo ocurre, sino que ocurre y pasa.

Lo siento. Disculpa.

Y las personitas pequeñas nos perdonan. Y reconstruimos desde el error. No es debilidad pedir perdón.

Y ya sí que sí, te deseo un FELIZ VIAJE DE SALUD.

Quizá la próxima vez que tengas una revisión con el pediatra, una cita con la dermatóloga, un análisis de sangre, una ortodoncia, una rotura de brazo o (ojalá no fuera así…) una enfermedad más grave puedas ver esa experiencia con otra mirada. Yo lo he aprendido de Laura García Pérez, de Crecer Sumando a la que le doy GRACIAS INFINITAS.

"Nuestra educación escolar ignora, de mil maneras, las reglas del desarrollo saludable."
Elizabeth Blackwell
Primera mujer doctora