APRENDER EN TIEMPOS DE PANDEMIA: LA CALLE EN CASA

APRENDER EN TIEMPOS DE PANDEMIA: LA CALLE EN CASA

No es una noticia nueva que en este blog la palabra viajar adquiría matices “especiales”, vamos que eso de decirte coge este autobús para llegar a este lugar no iba a ser lo más habitual.

Así que para escribir este post, el más largo de todos los tiempos y que se salta mi límite de leerse por debajo de los 2 minutos, por aquello del “engagement” y todo eso, he tenido que pedir ayuda de nuevo a la RAE. Me ha dicho que un VIAJE es también: Ida a cualquier parte, aunque no sea jornada, especialmente cuando se lleva una carga.

Y que vamos a “cualquier parte” con esta pandemia y que “llevamos una carga tremenda” de eso no hay duda. Pues bien, sujeto el post con esta apreciación empecemos.

Desde que empezó el confinamiento el 13 de marzo nuestro gran PROBLEMA ha sido que meter en nuestra MALETA para este VIAJE. Un VIAJE  que parece una película sin guion en la que no sabemos que papel representa cada uno.

Mentiríamos si dijéramos que empezamos a hacer la MALETA el día 12 de marzo a las 14:00 horas cuando cerraron el cole. Llevábamos unos días ya valorando posibilidades. Vimos claro que no podíamos esperar respuestas del exterior así que pronto decidimos buscarlas nosotros mismos.  

Una de las grandes dudas era cómo podía afectar al pirata este confinamiento. Leí todo lo que caía en mis manos. Pasé por todas las fases, aceptación, desesperación, ira, ilusión, cabreo…y filtré todo tipo de posibilidades absurdas desde pensar en alquilar una casa grande sin saber cómo la podríamos pagar hasta proponer una app de geolocalización y control para evitar contagios que permitiera a las criaturas salir de casa.

Teníamos claro que el tiempo corría más deprisa que las soluciones que venían de fuera. El  19 de marzo tomamos la decisión de meter en la MALETA lo que nos diera la gana y confiar en llevar todos los “por si acasos” posibles.

¿Y por qué el 19 de marzo? Pues porque el 16 de marzo escribí a una de las grandes en busca de respuestas y no obtuve contestación y el 19 de marzo me cayó como un jarro de agua fría despedir cualquier atisbo de esperanza de montar una solución loca.

Enfocarnos en que pudieran salir a la calle cuando la orden era clara no era una opción. Ese billete de viaje no estaba en venta.

Desde entonces hasta ahora hemos ido metiendo en la maleta un poco de esto y un poco de aquello, con un criterio a medias entre la ciencia y la intuición y echándole bastante de ilusión.

¿Y cómo hemos hecho esta maleta?

Primero, analizamos cuáles son los beneficios de salir a la calle. Segundo, elegimos sobre que premisas íbamos a trabajar e iban a ser la base de todo lo demás. Esto fue lo más complicado. Si fallábamos en la base se nos podía romper el asa de la maleta, pero… quien no arriesga no gana.

Por un lado pensamos que si ante una depresión existen medicamentos químicos que contrarrestan lo que ocurre si podemos generar las mismas hormonas de la felicidad que “se obtienen de salir a la calle” estaríamos haciendo un proceso “parecido”. A esto le sumamos que recordábamos que somos capaces de sentir “pena” o “alegría” viendo una película y que ese sentimiento es real. Y por último, ante la avalancha de “sobreinformación” de “cosas estupendas” que hacer nos marcamos como límite “no hacer nada que no hiciéramos antes”.

Es decir, si antes yo no me entrenaba como si fuera a ir a los juegos olímpicos por sano que fuera ahora tampoco. Si antes, el fin de semana nos tomábamos un vermut ahora no íbamos a querer ser los reyes de la comida mega-hiper-saludable. Sí, todo esto, culpa mediante, los “debería” los dejamos fuera de la maleta.  

Con estas ideas en la cabeza decidimos hacer “la calle en casa”.

Uno de los BENEFICIOS de salir a la calle es la dichosa VITAMINA D. Artículo va, artículo viene nos quedamos con este y algunas recomendaciones varias de @BoticariaGarcía @Farmagemma.

https://www.elsevier.es/es-revista-reemo-70-articulo-metabolismo-fuentes-endogenas-exogenas-vitamina-13108019

En resumen decía que:

Se estima que la exposición solar de 5-15 minutos/día en cara y brazos durante la primavera, verano y otoño es capaz de mantener los depósitos de la vitamina en niveles adecuados.

Y por supuesto, lo filtramos con nuestro día a día. Vivimos en Burgos, salimos a la calle tapados hasta las orejas, no podemos pretender hacer ahora lo que no hacíamos antes.

Solución, reorganizar la terraza que usábamos de almacén, tendal y guarda bicis. Metro, va, metro viene. Comemos en la terraza, jugamos en la terraza, abrimos las ventanas todo lo que podemos, jugamos cerca de ellas y procuramos que entre el aire y se ventilen bien las habitaciones.

Pero además hay un porcentaje de vitamina D que puedes sintetizar por los alimentos, pues tablita de alimentos con vitamina D al canto y a meterlo en nuestra alimentación diaria. Recomiendan unos 5µg al día. Pues las cuentas son sencillas, más pescado, huevos, lácteos y queso curado. Y de vez en cuando pues venga, unas tostadas de margarina enriquecida… que de paso nos sirve como “capricho”.

Superado el drama de la vitamina D y pensando en que en nuestro día a día “real” vamos del cole a casa, y que en Burgos a las 6 es de noche durante mucho tiempo… pues eso… a cruzar los dedos con que este cambio sea suficiente.

De aquí pasamos a la parte de las “hormonas de la felicidad”. Antes de volvernos unos dopados de la “alegría” nos recordamos de nuevo nuestro límite de no “hacer nada que no hiciéramos antes”.

¿Y por qué las hormonas de la felicidad centraron nuestro foco de atención? Pues porque la única información científica que encontramos sobre los beneficios de salir a la calle es que estas hormonas se potencian.

La serotonina, u hormona del bienestar regula nuestro buen humor y se altera con el aumento de la luz natural, es decir, a más luz, más liberación de serotonina.

Así que, otra vez vuelta a confirmarnos en abrir ventanas, fuera cortinas, persianas, etc…

Dicen que cuando nuestro ánimo no está en su mejor momento la serotonina se ve afectada, pero que no solo la luz natural la “pone las pilas” también el ejercicio físico y aquellos alimentos con triptófano. Y qué bonita “casualidad” que los huevos y el pescado azul también tienen triptófano.

La segunda hormona de la felicidad que conocimos fue la endorfina. Para estimularla nada mejor que hacer deporte, reír hasta que te duela la tripa, bailar, cantar, pintar… vamos hacer algo que te haga disfrutar.

La tercera fue la dopamina. Para nuestras criaturitas esta es fundamental porque es amiga íntima de la atención, la memoria y la capacidad para resolver problemas. Su enemigo más grande es el azúcar. Pero tiene grandes aliados, el deporte, la respiración consciente y escuchar música. Además es fan de los plátanos y el chocolate negro (sin pasarse).

La cuarta era una vieja conocida, la oxitocina, la hormona del amor, fue nuestra guía en el primer viaje del pirata. Su nacimiento. La gran Marisa Moya nos dio la receta perfecta para generarla por toneladas, amor polivagal.

La quinta y penúltima es la adrenalina, o epinefrina, la hormona de la acción. Esta es controvertida,  no podemos ir todo el día chutados de adrenalina. Hay que dosificarla. Generarla al aire libre es más sencillo, puedes subirte a una montaña rusa, claro que no todos los días lo haces. Por eso nos quedamos con esta frase, “también se despierta al hacer cosas poco rutinarias”.

Y la última, la melatonina, hormona del sueño, además de los alimentos que la estimulan, (no hay más que mirar en google) también se estimula con la regulación de la luz natural, con el ejercicio, durmiendo en  una habitación oscura y con paseos descalzos en la naturaleza. Complicada esta última parte, naturaleza no tenemos en casa, pero si tenemos pies descalzos y muchos materiales diferentes, y agua. Otro gran aliado, el agua como material de estimulación sensorial.

Pues bien, más o menos metido todo esto en una caja, agitado que no mezclado algunas cosas extra que echamos a la maleta junto con las anteriores fueron:

  1. Ventanas abiertas la mayor cantidad de horas posibles.
  2. Jugar, estudiar y trabajar lo más cerca posible de la luz natural. Nuestra mini terraza ya se ha convertido en restaurante, zona de juegos y despacho. Mi recomendación es, si tienes que mover la estantería del salón a otro sitio, hazlo, si tienes que dejar de tender la ropa en un sitio para tender en otro que no es el habitual, hazlo.
  3. Sé flexible, ¿Recuerdas? A la adrenalina le gusta lo poco rutinario, mover los muebles o las costumbres también lo es.
  4. Las rutinas generan tranquilidad, hay que organizar horarios, cole en casa, teletrabajo, actividades familiares. Lo siento, es tedioso, complicado, pero útil, muy útil. Nuestro pirata es feliz yendo al “cole en casa”.
  5. El “cole en casa” tiene que ser estimulante. Hay muchísima información en la red sobre cómo se debería aprender y cuáles son los principios de la neurociencia que sustentan este modelo de aprendizaje. Me llevaría otro post infernal contar como lo hemos organizado pero creemos que es un complemento esencial a todo lo demás. Si alguien lo pide, lo cuento. Por escribir que no sea.
  6. Alimentación saludable pero con algunos caprichos. Para ello hemos creado días especiales de cena, abrimos los domingos la tienda de las chuches y de vez en cuando, ¡pumm! surge alguna sorpresa recién llegada del Bosque Encantado.
  7. Pausas activas. Además de la clase de educación física del pirata y la nuestra de cada día de 30 minutos tenemos gymkanas y pausas musicales. Las pausas musicales las hemos inventado para estimular la endorfina, dopamina y adrenalina. ¡Gran misterio no saber si sonará la música mientras te duchas! ¿Saldrás en albornoz del baño o lleno de espuma? 20 segundos de música estimulante que suena cuando menos te lo esperas. ¿Y qué música? No cualquier música, esa música “pegadiza” que tanto le gusta a nuestro cerebro, las marchas de Strauss, la primavera de Vivaldi y el Barbero de Sevilla de Rossini. Cuánto más tiempo somos capaces de recordar una melodía más lo disfrutamos. Y seguiremos aumentando la colección de piezas musicales. Sobre cómo afecta la música a nuestro cerebro te recomiendo leer este artículo: https://escuelaconcerebro.wordpress.com/2015/07/06/la-musica-una-necesidad-cerebral/
  8. Cosquillas, muchas cosquillas. ¿Ya empiezas a intuir porqué, no? Reír, reír, y reír.
  9. Tiempo para la relajación. La pista nos la dió otra persona maravillosa, María Antón. Hay maneras preciosas de conectar con nuestro cuerpo y que las puedan disfrutar nuestras criaturitas.
  10. Manualidades y texturas. Con todo lo que puedas, plantar lentejas o tomates si tienes hueco. Recortar, pegar, pintar, buscar arañas por la casa, trasvases de agua. Todo lo que “imite” a la naturaleza vale.
  11. Algo nuevo cada 3 o 4 días. Necesitamos tener una motivación. Necesitamos saber que habrá algo nuevo y especial y que no hay que esperar a que pase el confinamiento. Usa la imaginación. Nosotros hemos tardado 24 días en sacar el Twister que teníamos guardado.
  12. Mucha conexión emocional y acompañamiento. Y esto no es solo preguntar ¿estás bien? Para acompañar emocionalmente hay que conectar. Con nuestras criaturitas el juego es su lenguaje máximo de expresión.Desde ahí tocará inventar juegos nuevos, porque antes no había una pandemia. 

¿Y con todo esto basta? Pues no tengo ni la más remota idea, solo sé que a nosotros nos va bien. Que ya llevamos la MALETA llena a reventar de recuerdos. Que sentimos que a pesar de las circunstancias nuestro pirata está sereno, contento, tranquilo, duerme relajado por las noches y se despierta con curiosidad por las mañanas, tiene sus momentos de mirada apagada y hemos entendido que solo podemos acompañarle y sujetarle en esos momentos.

¿Y nosotros? Nosotros nos sentimos satisfechos con el trabajo realizado, frustrados por no saber más de muchas cosas para poder hacerlo mejor, cansados a veces por la cantidad de horas que nos requiere, ilusionados pensando que podemos avanzar aún más y sobretodo SEGUROS, SEGUROS DE QUE HEMOS ELEGIDO EL CAMINO CORRECTO.

Buscar soluciones y ponerlas en marcha. La vida es un experimento.  

Una última cosa, si alguien ha sido capaz de llegar hasta aquí (GRACIAS) y tiene la respuesta a nuestra gran pregunta que nos lo haga llegar, ¿cuál es la estimulación que se produce por “salir a la calle” que no podemos “replicar”?

"No es el más fuerte de las especies el que sobrevive, tampoco es el más inteligente el que sobrevive. Es aquel que es más adaptable al cambio".
3conlasmaletasacuestas-DARWIN
Charles Robert Darwin
Naturalista